domingo, 2 de octubre de 2016

¡Cuando él miró por la ventana, ni siquiera se imaginaba el espectáculo que lo esperaba!

Pareciera que en el internet moderno ya no hay manera de sorprender a los usuarios. Hace todavía poco tiempo la gente discutía acerca de las “belfies” (selfies mostrando el trasero), pero ahora parecen una cuestión rutinaria y de lo más normal. 

 Y si alguien todavía no sabe lo que es una belfie, se lo explicamos ahora. ¡Es un tipo de selfie en la que se fotografían el trasero! Así que ahora a las chicas no les basta con presumir sus encantos en sus fotos. 

¡Ahora, para generar más likes, están dispuestas a hacerlo en los lugares más inverosímiles! El otro día un chico en Inglaterra vio por la ventana una imagen extraña. Cerca de un árbol había una chica tomándose una belfie, y para eso, se había bajado los pantalones y hasta se había subido la camiseta… 

después de terminar la sesión de fotos, ella se vistió como si nada hubiera pasado e inmediatamente se sumergió en su teléfono, enviándo sus fotos a Internet.

Toda esta acción fue capturada por el teléfono del chico, por lo que ella misma, sin saberlo, recibió una doble porción de fama.

 No sólo sus suscriptores de Instagram conocieron su trasero, sino que miles y miles de imágenes vieron todo el proceso de creación en video. Incluso da miedo pensar en cuál es la moda que reemplazará a las belfies… 

 Entre el protagonismo del narrador que centra la trama en su propia experiencia y la invisibilidad y omnipresencia de quien se sitúa fuera de la acción, la narración en segunda persona permite sublimar lo íntimo, aflorar la introspección, confesar. Decir aquello que a nadie más se diría. Solo a ese “otro” a quien va dirigida la palabra. 

Ese “tú” que en ocasiones se presta también a la duplicación del sujeto narrativo. Un desdoblamiento, un mirarse en el espejo. Para escucharle, para observar las imágenes que se crean por gestualidad y por écfrasis hay que agüeitar, agazapados como fisgones, al emisor y al oyente.

 Superado el debate de la objetividad fotográfica, y abiertos los caminos para documentar la realidad desde el punto de vista autorial, la narración visual se nutre de recursos que antes parecían propios de la literatura (y dentro de la escritura, de la ficción). 

El fotógrafo, según quiera contar su universo retratado desde adentro o desde afuera, asume una perspectiva desde la que traza una estrategia para mirar el tema. Una mirada que luego transmitirá con la obra fotográfica, en la que se volcarán también, como en el texto, criterios estéticos.

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