sábado, 1 de octubre de 2016

Esta madre estaba muriendo en asilo y su ultimo pedido fue ver a su hijo para decirle esto.

Esta historia probablemente te llegue muy profundo y es que es algo que pasa mucho por estos tiempo.
Pero debemos hacer algo para cambiar la situación- Un hijo tras el fallecimiento del padre, puso a su madre en un asilo y la visitaba de vez en cuando. Un día, recibió una llamada del asilo, informando que ella estaba muriendo. Fue corriendo a ver a su madre antes de que ella muriera.

MERA PREGUNTA QUE PUDO HACER ES: ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA POR TI, MAMÁ?
Y LA RESPUESTA FUE MUY FUERTE:
“Siembra amor. Y también quiero que coloques ventiladores en el asilo, porque como no hay, el calor es insoportable, quiero que compres refrigeradores también, para que la comida no se arruine, muchas noches tuve que ir a cama sin haber comido nada.”
El hijo le dijo sorprendido: ¿Pero recién ahora me estás pidiendo estas cosas, cuando estás por irte?
¿Por qué no me lo dijiste antes?
La madre respondió triste: Yo me acostumbré a convivir con el hambre y el calor, pero mi miedo es que tu no puedas acostumbrarte cuando tus hijos no se esfuercen en cuidarte en la casa y te envíen aquí, cuando estés viejo.
Sin dudas es un fuerte mensaje que debería ser difundido.

La primera vez que visité un ancianato, (así se le llama en mi país al asilo para las personas de la tercera edad que no tienen un lugar donde vivir o quién se haga cargo de ellos), fue en unas vacaciones yo tendría unos trece o catorce años. Mi madre nos llevó a mis hermanas y a mí a visitar a dos de sus tías por parte mi abuelo, ya fallecido. Una de ellas tenía casi noventa años y la otra algo más de ochenta. 
Lo que amenazaba con convertirse en una tarde un poco lenta y aburrida se convirtió en una verdadera lección de vida. Ese día, tomé la decisión de no permitir que mis padres vayan a un asilo de ancianos, (aunque jamás lo había contemplado). Sé que mis hermanas comparten ese sentimiento y cualquiera de nosotras gustosa pasaría con ellos sus años de vejez.
La religiosa que nos recibió no pudo ocultar la emoción al vernos, las tías de mi mamá prácticamente nunca habían recibido una visita, al menos la religiosa no lo recordaba. Mientras caminábamos por un corredor amplio que nos llevaba a un patio enclaustrado antiguo, pude sentir la soledad de ese lugar, sentí angustia y hasta temor. Ese día pensé seriamente en la vejez.

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